PERGAMINO, Mayo 23.-(Semanario “El Tiempo” reproducción de PergaminoCiudad) Las abogadas Romina Pirchi, María Elisa Merli y Melisa Francione, a través del Instituto de Derecho Penal del Colegio de Abogados de Pergamino, desarrollaron un punto de vista sobre los niños y adolescentes en conflicto con la ley penal.
El presente artículo se orienta a abordar liminarmente la problemática de niños, niñas y adolescentes en conflicto con la ley penal, partiendo del enfoque de la realidad social y el rol del Estado. Ello, con el objeto de reflexionar acerca de cuál es el eje de la problemática de los menores, teniendo en cuenta que el tema de la edad no puede ser tomado como un hecho aislado.
La disciplina criminológica explica que la desviación juvenil, se sabe engendrar especialmente cuando aquellos encuentran en bandas o gavillas de menores una contención que no existe en el ámbito estatal-social, educacional ni familiar. Así, se advierte que el dilema de la delincuencia juvenil no es que “entren por una puerta y salgan por la otra”. Actualmente, se arriesgan respuestas del tenor de: “modificar la ley y ampliar el marco de injerencia del derecho penal sería la solución”.
Sin embargo: Que obtendríamos en este supuesto? ; pues reproducir lo ocurrido en muchos países de Latinoamérica: que la delincuencia juvenil comience a edades más tempranas. En efecto, cinco o diez años después de promulgada la ley, volveremos a tener el mismo problema y aplicando la misma solución llegaríamos al punto de mandar a la cárcel a niños de 10 años junto con delincuentes añejos; logrando así nada menos que darles a nuestros niños una formación dentro de la delincuencia profesional.
El cambio a impulsar implica una modificación mucho más profunda y general, ampliando la perspectiva y abarcando cuestiones tanto sociales como culturales que traen aparejada esta problemática. ¿Por qué un chico que debería estar en la escuela a los 14 años se encuentra robando un supermercado? ¿Qué contención tiene ese niño de su familia, de la escuela, del ámbito que lo rodea?
Ámbito familiar
La familia es un grupo natural con historia, en la cual nacen patrones de conducta que se traducen en reglas que rigen cada personalidad. Éste es el marco sociocultural para constituir el más próximo grupo de “pertenencia”.
La mayor parte de los jóvenes que han incurrido en hechos ilícitos han sufrido una carencia afectiva producida por la separación, indiferencia, frialdad, actitud egoísta o incapacidad de amar de sus progenitores. El estado de abandono del menor se refleja en la presencia de situaciones de carencia. La rigidez, desorganización familiar, la falta de educación, las adicciones, la promiscuidad, entre otros, son factores que pueden conducir a una conducta desviada del menor que lo conlleve a delinquir. Ello, sin olvidar que la anomia afectiva también puede reconducir – en un futuro- a los denominados delitos de cuello blanco.
Ámbito socio cultural
La adolescencia es una etapa trascendental en la vida del menor. Esta se destaca por la indefinición de su estatus social, en la cual se aplican sistemas normativos distintos y hasta contradictorios. Generalmente, los adolescentes se encuentran en una etapa de inseguridad y falta de pertenencia al entorno global social, lo que los lleva a buscar un lugar dentro de grupos juveniles caracterizados por la identidad de problemas.
Es el cambio que resulta de la niñez a la adultez y dependerá de las oportunidades que el adolescente tenga para cumplir un rol de adulto en un medio honesto, que no ofrezca estímulos ni oportunidades para actos desviados.
Otro de los aspectos de mayor vulnerabilidad en la etapa adolescente es el del contacto/relación con las drogas, la cual ha pasado de ser algo extraño a común y hasta un lugar de pertenencia: “el que no consume no es”.
El comportamiento del menor que se droga puede importar, además de una forma de reconocimiento entre pares, una pretensión de evasión de una realidad que no lo satisface y contra la cual se revela. Igualmente puede significar una búsqueda del afecto negado, que en la droga se procura sustituir. A lo expuesto se le suma que el adicto requiere de un ingreso económico para poder procurarse la droga, la que no puede adquirir por medios lícitos, actuando entonces como factor concurrente en la criminalidad.