Domingo 23/01/2011: En horas de la mañana se llevó a cabo el “simulacro de rastrillaje caso Pomar-Viagran” que fuera encabezado por Maria Cristina Robert Viagran, mamá de Gabriela Viagran y abuela de Candelaria y Pilar Pomar Viagran, tres de las víctimas fatales del famoso “Caso Pomar-Viagran”.
El simulacro, que fue ideado y coordinado por Jorge Roales, y contó con la colaboración en la coordinación previa de Romina Lagamma y Graciela Silva, y con la coordinación operativa con Mario D’amore y Alberto Deminicis sobre el terreno, se llevó a cabo con solamente 12 voluntarios “rastrilleros” y 6 voluntarios de apoyo, y actuaron como vehículos de apoyo 3 camionetas, una grúa y un cuatriciclo.
A mitad de recorrido se montó un Centro de Apoyo Logístico, donde se encontraba Maria Cristina Robert Viagran junto a los demás colaboradores, una Ambulancia con Médica y Enfermero, una casilla rodante, un Micro, un toldo, sillas, mesas y autos de apoyo, que se encargaban del suministro de hidratación y comida de los voluntarios, y de centralizar las comunicaciones con handys y celulares.
Todos los participantes estaban identificados con chalecos reflectivos con el logo del rastrillaje, sombreros de paja y bastones de búsqueda, y las camionetas con grandes carteles de prevención.
Entrevistamos al inicio del operativo a Jorge Roales, coordinador general del evento y promotor del mismo nos dijo: “ La idea central de este simulacro es comprobar en terreno y de manera fáctica que nunca se llevó a cabo ningún rastrillaje sobre
Eran las 9,30 de la mañana, de un día totalmente soleado, con muy alta temperatura cuando partieron los dos grupos hacia los dos extremos de la ruta y dar comienzo al rastrillaje en si mismo.
Mientras tanto, en el Centro de Apoyo Logístico, los voluntarios de apoyo se encargaban de marcar preventivamente la ruta 500 mts a cada lado con conos rojos de seguridad y carteles con la leyenda “ATENCION- SIMULACRO DE RASTRILLAJE CASO POMAR VIAGRAN- DESPACIO”. También comenzaron a desplegar el toldo, las mesas y sillas e ir preparando gran cantidad de agua fría, sándwiches y ensalada de frutas para abastecer a los voluntarios, trabajo que irían realizando los autos de apoyo.
En el lugar, María Cristina Robert Viagran se mostraba entera, ayudando en todas las tareas, pero su rostro reflejaba una gran angustia y un gran dolor. Era el rosto de una mujer agobiada pero de una tremenda convicción, “el rostro del guerrero herido de muerte que blande su espada para la lucha final”.
Mientras tanto, cientos de automovilistas que circulaban por la ruta, no sólo aminoraban su paso, sino que hasta se detenían para brindar sus condolencias a Cristina (como la llaman) y darles todo su apoyo en esta lucha.
Era una imagen casi novelesca, un pequeño grupo de ciudadanos autoconvocados, perfectamente organizados, ubicados en el medio de la nada, sobre una ruta provincial de las que existen cientos en el país, que no conducen a ningún centro turístico, en un muy caluroso domingo a la mañana de la segunda quincena de enero, llevando a cabo esta cíclope tarea, sin ningún tipo de apoyo oficial y con el “mirara para otro lado” de las mayores empresas multinacionales del país.
Era una utopía pensar posible tamaña tarea en condiciones tan adversas, pero, sin embargo estábamos allí, viéndolo con nuestros ojos, viendo y percibiendo la voluntad inquebrantable de los voluntarios y el extraordinario apoyo de los casuales transeúntes.